Políticas Culturales

Las Casas y Centros Culturales, una alternativa para la paz

 

esde el año 2000 he venido revisando puntualmente, año con año, la integración del Presupuesto de Egresos de la Federación (PFE) en lo que respecta al sector cultural. Comencé a hacerlo debido a mi posición como funcionario gubernamental del sector cultural; primero como Director de Extensión Cultural y después como Director General del Instituto Tlaxcalteca de Cultura.

 

    En el 2004, Rosa del Tepeyac Flores Dávila y yo, con el respaldo de una gran mayoría de los titulares de las instituciones estatales de cultura, comenzamos a impulsar la reasignación –desde la Cámara de Diputados-- de recursos en favor de las instituciones federales, los estados, los municipios, las universidades públicas y las ONG. Desde la Comisión de Cultura de la CONAGO y con el comprometido apoyo de la entonces diputada Elba Garfias, se logró incorporar en el PEF 2005 una primera reasignación por un total de $1,214´290,000 pesos.

 

    Después de casi 15 años de estar familiarizado con el PEF Cultura, hay ya varias cosas que me resulta evidente que debieron cambiar y que –sin embargo- siguen igual que hace 15 o muchos más años. Uno de esos temas recurrentes es el de la asignación de recursos para la construcción, rehabilitación o equipamiento de casas de cultura y/o centros culturales.

 

    Con sus variaciones, la figura de Casa de Cultura es un modelo omnipresente en el territorio nacional  y, sin duda, un concepto que resume claramente el “qué hacer” cuando una autoridad toma la decisión de atender el tema de cultura en su comunidad. También funciona muy bien cuando un político en campaña desea congraciarse con la comunidad de posibles votantes, a través de una promesa de corte cultural.

 

    Con base en esa necesidad –más de origen político, que ciudadano—y que no siempre viene acompañada de un diagnóstico o de un presupuesto de mantenimiento, se han asignado gran cantidad de recursos para la construcción, rehabilitación y mantenimiento de casas de cultura, en todos los PEF que van –al menos- de 2009 al 2015.

 

    Simplemente en el PEF de 2015, que fue recientemente aprobado por la Cámara de Diputados, se menciona el término Casa de Cultura (55) o su prácticamente equivalente Centro Cultural (41), en no menos de 96 ocasiones. Si bien este año encontramos montos tan altos como los 170 millones que se le asignan al Centro Cultural y de Convenciones de Oaxaca de Juárez, Oaxaca, podríamos establecer que los recursos generalmente asignados a las casas de cultura rondan en los 3 millones, con fluctuaciones entre los 400 mil y los 8 millones.

 

   Vale la pena recordar que el Atlas de Infraestructura y Patrimonio Cultural de México 2010 contabilizó 1,795 espacios genéricamente denominados centros culturales, de los cuales 1,205 (70.26%) son casas de cultura y los restantes 510 son centros culturales (29.74%).

 

    El Sistema de Información Cultural, a noviembre de 2014, reconoce la existencia de 1,892 centros culturales en todo el país. De acuerdo con estos datos, podemos suponer que en 5 años se añadieron 97 centros culturales, lo cual contrasta con las casi 350 menciones que se hacen a esa figura en lo que va del PEF 2010 al PEF 2015.

 

   En el Programa Especial de Cultura y Arte 2014-2018, se menciona en tres ocasiones el término de centro cultural, como parte de la infraestructura con la que se cuenta, en los siguientes términos: “Para el aprovechamiento, cuidado y disfrute, así como para el enriquecimiento de su legado cultural, México ha construido a lo largo de décadas una extensa infraestructura cultural, la mayor de América Latina. Esa infraestructura comprende, entre otros bienes de: 187 zonas arqueológicas abiertas al público, alrededor de 108,000 monumentos históricos, más de 1,200 museos, 22,630 bibliotecas (7,388 de las cuales integran la Red Nacional de Bibliotecas Públicas), 1,567 librerías y puntos de venta de libros, 620 teatros, 1,873 casas y centros culturales, 402 galerías y 654 auditorios.”

 

    Así también, en la Encuesta Nacional de Consumo Cultural de México (2012) se menciona el término “casas de cultura” en dos ocasiones y únicamente como uno de los sitios culturales seleccionados para realizar la encuesta.

 

    Cito las cifras anteriores, para hacer evidente que las casas y centros culturales han sido y siguen siendo los espacios en donde mayor número de actividades artísticas y culturales se llevan a cabo en el país. Si bien es cierto que el número de bibliotecas es muy amplio, éstas cumplen mayoritariamente la función de espacios  de consulta y estudio, en los que el silencio es una conducta procurada; mientras que la característica de las casas de cultura es precisamente, la de vincular al público con las actividades artísticas y culturales.

 

    Por otra parte, con base en su función y localización, son también el más habitual punto de contacto institucional con el público local, con la particularidad adicional de que atiende a niños, jóvenes y adultos; es decir, un público que difícilmente se reúne como tal, de manera habitual, en otros espacios.

 

 

 

    Desde mi perspectiva, las casas y centros culturales son espacios de encuentro que, mediante una política pública pertinente y oportuna, pueden ser empoderados como espacios de diálogo intercultural y para el aprendizaje de alternativas para la resolución pacífica de las controversias.

 

    ¿Significa eso que la Federación debería imponer un modelo nacional? No, bajo ninguna circunstancia. Lo que pienso es que existen numerosas posibilidades de acción subsidiaria, que pueden fortalecer mucho al conjunto.

 

    Una primera idea: ¿Por qué no una especie de PAICE de Casas de Cultura? Bastaría asignar 54 millones de pesos a un programa de rehabilitación y equipamiento de casas de cultura, para que hubiere una disponibilidad promedio de $30 mil pesos para cada una de ellas, en todo el país.

 

    Otra idea: Una plataforma abierta de recursos de capacitación, iniciación artística y conocimiento de la diversidad cultural nacional y mundial; Una idea más: Organización de circuitos de gira para grupos artísticos; ya sea con subsidio o con los beneficios de precio, que sean producto de las economías de escala. En fin, no es mi objetivo agotar el tema, ni integrar un amplio repertorio de propuestas, sino simplemente destacar que han sido muchos años de asignar recursos a una figura que, por otra parte, ha pasado desapercibida en el diseño de las políticas públicas federales; y que, especialmente en estos tiempos, sería un instrumento muy importante de política para la paz.  Ojalá y se tome el reto.

 

 

 

 

 

 

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“Las casas y centros culturales son espacios de encuentro que, mediante una política pública pertinente y oportuna, pueden ser empoderados como espacios de diálogo intercultural y para el aprendizaje de alternativas para la resolución pacífica de las controversias”