Políticas Culturales

Comprometiendo al mundo:

Examinando conflictos y compromisos en los museos públicos.

 

Traducción del artículo: ‘Engage the World’: examining conflicts of engagement in public museums, By Susan L.T. Ashley. The International Journal of Cultural Policy, 20:3, 261-280. Dossier del número 3, Vol. 20, May 2014. La autora, Susan L.T. Ashley, es profesora en la Facultad de Arte en la Universidad de Northumbria, en Reino Unido.

l compromiso público o comunitario se ha convertido en estrategia y objetivo central para muchas instituciones culturales y para la investigación sobre museos y el patrimonio (Black 2010, Watson and Waterton 2010, Davis 2011). El compromiso es “una zona de contacto”, una clave para generar, mejorar o reparar las relaciones entre los museos y la sociedad en general.

 

En este texto se analizan las implicaciones del conflicto en la gestión institucional de la cultura y el patrimonio. Aborda una exposición sobre los Rollos del Mar Muerto en el Real Museo de Ontario, Toronto en 2009.

 

Se analiza las motivaciones, los procesos y las decisiones implementadas por la administración y el personal para 'captar al mundo' y el grado en que el museo fue capaz de repensar sus estrategias de participación del público, especialmente en relación a los sujetos, temas y públicos más polémicos.

 

El compromiso como política pública surge como componente de la gobernanza (McCoy and Scully 2002, Newman 2007) en las democracias occidentales en 1990, preocupadas por el empobrecimiento del diálogo entre la ciudadanía y las autoridades que se derivaba en (o de) una baja participación en ‘el arte de la democracia’ (Linenthal 2006, p. 124). Ligado al capital social y al tejido social, es decir, a las redes, las conexiones entre la gente que generan confianza y reciprocidad son indicadores de la vida cívica que pueden impulsarse a través de políticas públicas centradas en generar compromiso (Putnam, 1995).

 

El aumento de la multiculturalidad en sociedades postcoloniales, así como las demandas para el reconocimiento, la autodeterminación y la representación de los grupos subordinados (Fraser 1992) también alentó a los gobiernos a colaborar con las "comunidades".

 

Esas demandas buscaban desestabilizar posiciones privilegiadas de la opinión pública para dar cabida a otras voces, empoderar y legitimar las subjetividades no dominantes, antes excluidas. Estos discursos se retomaron para reconstruir el tejido social, además de estimular el interés gubernamental en el 'compromiso’.

 

El acceso y la participación en la cultura son una manera de ampliar el compromiso (Newman y McLean 2004). La participación cultural construye capital cultural, que a su vez se deriva en otras formas de organización social, integración e incluso potenciación (véase Stevenson 2013). En Canadá  la cohesión (Baeker 2002, Ashley 2005) y la inclusión social en Reino Unido (Mason 2004, Newman et al. 2005, Sandell 2007) se convirtieron en líneas de políticas sociales y urbanas materializadas en las instituciones culturales a través del compromiso comunitario, para beneficio individual y social; un ejemplo es el Departamento del Reino Unido de Cultura, Medios y Deporte.

 

La decisión de un individuo para participar (o no participar) está situado dentro de un rango de prioridades junto a sus creencias, valores y oportunidades. El beneficio al 'participar' es individual (para sentirse bien o divertirse), pero también fortalece a su comunidad el hecho de tejer redes y promover el aumento de la independencia en la vejez, así como constituye una innovación para la economía (2010, p. 13).

 

Dentro del sector de los museos, la imagen de la "zona de contacto" de James Clifford (1997), fue empleada para sugerir cómo se usaban los espacios de poder para fomentar la participación de las partes interesadas, esto es como un proceso de igualdad, de reciprocidad y beneficio mutuo, donde los diferentes grupos culturales puedan compartir, negociar e intercambiar las perspectivas de conocimiento. En los museos, participar significa decidir, por ello es un indicador del aumento de los estudiantes y las experiencias de aprendizaje de los visitantes. En la gestión de museos y políticas culturales, el compromiso está ligado al deseo de las instituciones para atraer y abarcar nuevos públicos, asumir nuevos roles sociales estratégicos, emplear métodos de colaboración o asegurar el impacto (Brown y Ratzkin 2011).

 

El compromiso cívico.

 

Para las instituciones culturales el compromiso cívico es un proceso de inclusión (Halbert 2002). Significa captar la atención, involucrar, participar o establecer un contacto significativo (OxfordOnline.com 2011).

 

La crítica de la autora es que la colaboración, el diálogo y el conocimiento producen relaciones de poder asimétricas. La palabra ‘compromiso’ también implica conflicto, un llamado de atención; trasladar a su posición; controlar y a veces manipular (OxfordOnline.com 2011).

 

De acuerdo con Waterton y Smith, hay un abuso por parte de las instituciones en el uso de la palabra "comunidad". La democracia es un proceso de inclusión, pero también excluye, hay una falta de paridad, de reconocimiento y subordinación de algunos públicos a la gestión y la regulación.

 

Contacto significativo y técnica de control

 

Si las instituciones culturales, como los museos, se perciben como lugares y agentes para las prácticas democráticas, la participación debería darse sin que la institución tuviera que incluir a otros para asegurar ésta. Los visitantes afirmarían su propia agencia, y tomarían sus propias decisiones sobre la forma en que utilizan la cultura y el patrimonio como recurso.

 

Mulcahy (2006) distingue dos formas de proceso democrático: la "democratización de la cultura" que es el proceso por el que las instituciones culturales permiten un mayor acceso a sus programas y, la "cultura democrática” que implica una liberación de la agencia, una participación activa de la gente.

 

Esto supone no situar a los participantes como beneficiarios, en los que el modelo de déficit asume que el público tiene "lagunas" que debe llenar (Cornwall y Coelho 2007 citado en Lynch 2011).

 

Hay otro modelo de 'museos líquidos' en donde el poder se dispersa a través de la colaboración de múltiples actores (incluido el personal que labora en el museo) y sitios dispersos, que legitiman la pluralización de opinión, conocimientos, racionalidades, tecnologías y técnicas para actuar (Cameron, 2011:91).

 

El discurso de 'compromiso' tiende a idealizar la democracia como "un mundo más allá de la política", donde el conflicto es suavizado o removido (Tkacz 2010, p. 46).  Lynch y Mouffe sugieren que los museos deben reconocer la pasión y el partidismo como una forma democrática de la práctica museística, y que las relaciones entre adversarios pueden servir para hacer frente a la diferencia; el espacio político es una parte importante de la participación en la zona de contacto del museo (2011).

 

Diversas perspectivas del compromiso en la gestión del Real Museo de Ontario, Canadá (ROM)

 

Los distintos puntos de vista de los departamentos del museo y de los visitantes, en torno al "compromiso" en la planificación de la exposición de los Rollos del Mar Muerto. La exposición se llevó a cabo para promover las metas de inclusión social, para facilitar la visita de diversos grupos religiosos. La importancia de los Rollos estaba en su papel fundacional de los judíos, cristianos y musulmanes, y su potencial para el diálogo interreligioso entre estas tradiciones.

 

Las actitudes eran diversas incluso contradictorias sobre la naturaleza pública y el propósito de la exposición: científico, social, orientado al mercado, orientado a la participación y el compromiso social. Los activistas políticos hacían notar las reclamaciones palestinas de la propiedad de los pergaminos, contra el reconocimiento del museo como posible escenario para hacer visibles las diferencias de todo proceso democrático. De este modo, la exposición se movió en distintos campos:

 

• Lo curatorial: el punto de vista intelectual

• Lo intercultural: la integración social y el ejercicio de la diversidad

• El marketing: la orientación hacia el mercado

• La interacción: participación

• Lo político: la interacción práctica

 

Las interpretaciones contradictorias de cómo el ROM "comprometió al mundo” dieron lugar a confusión por parte de los miembros del personal del museo y los visitantes por el aparente cinismo de la comercialización y el malestar de los activistas. La exposición de los Rollos del Mar Muerto puede ser vista como una oportunidad para analizar la participación sobre el patrimonio cultural, para la construcción de conexiones duraderas entre diversas comunidades, y para el montaje de experiencias de primera mano y relaciones entre "las cosas reales en el espacio real entre personas reales”. Todos estos elementos son ingredientes esenciales de la democracia cultural.

 

Desde la burocracia, no había cambio en los valores, la orientación o las prácticas; la dificultad estaba en la construcción de medios no orientados al mercado -de compromiso laico-, en la jerarquía organizativa del museo y los procesos de planificación, en donde las decisiones de los comités dejaban fuera al personal subordinado, cuyas necesidades eran similares a las del público del museo, en tanto que los trabajadores voluntarios en áreas de programación y educación parecían mal informados y organizados.

 

El museo como producto / proyecto / cosa para consumir, fue un modelo distinto  del modelo interactivo de compromiso que enfatizaba la importancia del proceso de planificación: consulta, relaciones, diálogo.

 

El propósito era que la exposición fuera un éxito, una superproducción de excelencia curatorial donde el impacto intelectual, psicológico y social era irrelevante frente al económico. La evaluación se basó en la asistencia, la construcción de relaciones estratégicas y la falta de tarjetas con comentarios negativos.

 

Avanzar hacia el 'compromiso' requiere la comunicación dialógica de toda la organización (Grinell, 2011); implica abordar las cuestiones de proximidad, mutualidad y riesgo, problemas que han sido teorizados pero con poca frecuencia resuelto en la práctica organizativa actual (Kent y Taylor 2002).

 

¿Qué se requiere para que el museo, como sitio de control del compromiso, involucre a sus agentes en la extensión de los debates culturales y el uso de las instituciones públicas como plataformas para el lanzamiento de debates públicos?

 

Hay que elegir entre el riesgo de perder el control a fin de lograr un contacto significativo entre los profesionales y sus públicos. Esto ofrece una transformación, para situarlos como personas y no como objetos. El papel de los medios de comunicación es impulsar este potencial contra los conocimientos arraigados, jerarquías y procesos de mercantilización. La propia exposición del museo se convertiría en sólo un punto de partida, y las reverberaciones de la esfera pública serían una línea extendida para la "cultura del compromiso’.

 

El impacto de los medios en general, y el Internet en particular, ha cambiado la sensibilidad del público acerca de la producción cultural. Mientras que los profesionales de los museos como los del ROM pueden seguir albergando la convicción de que la información puede ser imparcial e inamovible, las audiencias viven en un mundo saturado de medios, donde el conocimiento es visto cada con mayor escepticismo y creen que cualquier persona puede participar en su conformación.

 

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