Políticas Culturales

¿Hacia dónde va la política

de patrimonio cultural?

 

“A mediados de los años 80 México solicitó la inscripción de varios sitios arqueológicos y coloniales en la lista mundial de patrimonio y desde entonces ha contado con un gran éxito en esa actividad”

Varela Hernández es Doctor en Antropología Social y profesor de la FCPyS-UNAM

ace dos, en 2012, se cumplieron 40 años de la aprobación de la Convención sobre la Protección del Patrimonio Mundial Cultural y Natural de la UNESCO. Es interesante que ese instrumento fuera aprobado seis meses después de que en México se promulgara la Ley Federal sobre Monumentos y Zonas Arqueológicos, Artísticos e Históricos.

Tanto en México como a nivel internacional hay importantes antecedentes de esos dos instrumentos legales, pero el hecho de que ambos ordenamientos se hayan mantenido por cuatro décadas habla de que han representado cierto consenso y, sobre todo, se han mostrado útiles para reconocer, proteger y difundir el patrimonio cultural.

 

    La dinámica mexicana tenía energía propia. Podríamos decir que no requería apoyarse en ordenamientos internacionales para que las instituciones mexicanas de cultura impulsaran la investigación, catálogo, protección y difusión del patrimonio cultural de México. Pero también hay que señalar que al entrar en funcionamiento la Convención de la UNESCO, las instituciones mexicanas fácilmente convergieron con los objetivos internacionales y su colaboración ha servido para ampliar la conciencia de muchos sectores de la sociedad sobre la importancia del patrimonio.

 

   A mediados de los años 80 México solicitó la inscripción de varios sitios arqueológicos y coloniales en la lista mundial de patrimonio y desde entonces ha contado con un gran éxito en esa actividad. Hay que considerar que la respuesta positiva del Comité de Patrimonio mundial a las solicitudes de México se debieron inicialmente a la espectacularidad de los primeros sitios que lograron la inscripción en la lista pero, al hacerse más estrictos los requisitos de aceptación, lo que ha destacado es la calidad técnica de las solicitudes.

 

     No muchos países del mundo cuentan con un personal tan capacitado como en México para preparar los laboriosos expedientes enviados a la UNESCO y con las instituciones para hacer frente a la enorme tarea de mantener esos sitios en buenas condiciones y de usar muy creativamente la dinámica que impone el diálogo con el organismo internacional y las autoridades mexicanas de todos los niveles.

 

    Por parte de la Convención, los 40 años han significado también tiempo de aprendizaje; inicialmente muchos país presentaron en cada sesión del Comité de Patrimonio Mundial (el organismo que administra la Convención) diversos sitios patrimoniales. Esa práctica debía dejarse con el tiempo porque los números iban creciendo en favor de países con sitios consolidados, que se iban despegando del resto de las naciones en cuanto a los sitios inscritos, como si el patrimonio mundial se centrar en Italia, Francia y España. Por ello se tomaron medidas en cuanto al número de solicitudes que cada país podía presenta en cada ocasión y también se impulsó qué países de Asia y África trabajarían expedientes de sus sitios históricos y naturales para presentarlos a la convención. Estas acciones hasta la fecha han sido exitosas para casos como el de China y la India.

 

    Justo en la reunión realizada en Doha en el mes de agosto pasado se alcanzó la cifra de mil sitios inscritos en el Catálogo de Patrimonio Mundial de los cuales, 779 son culturales, 197 naturales y 31 mixtos, distribuidos en 161 países.

 

    A más de cuatro décadas de la Convención, el éxito parece ser evidente pero hay

varios temas en qué reparar: El primero es la gran concentración de los sitios

enlistados; más de la cuarta parte del patrimonio mundial está en Italia (50), China (47), España (44), Alemania (39), Francia (39), México (32) e India (30). De África sólo están alrededor de un centenar de sitios, la mayoría sitios “naturales”.

 

 

 

    Del centenar de sitios ingresados a la lista, 50 se encuentran “en peligro”, es decir, en una categoría en la que el Comité coloca aquellos lugares que han dejado de cumplir con alguno de los requisitos por los que fueron admitidos y, a cuyos países de procedencia se les establecen condiciones que deben atender para superar esa

categoría. La mayoría de estos sitios en peligro está en África.

 

    Otro problema es la gestión del Comité de Patrimonio Mundial. Las responsabilidades asignadas a este organismo son cada vez más amplias y complejas ya que ha de vigilar el cumplimiento de la Convención y además, establecer y cumplir con las medidas para ser eficiente en esta tarea. La materia prima de trabajo son los informes que los estados-socios han tenido que elaborar y remitir a ésta. Se trata de una tarea que con los años se ha formalizado pues es sólo desde hace poco tiempo que se ha vuelto rutinaria la entrega de informes, pese a que era una de las obligaciones que los estados contraían al ser inscrito algún sitio.

 

    La Convención también ha entrado al terreno del manejo de las zonas, exigiendo

planes y solicitando información sobre las decisiones que los gobiernos locales toman al respecto. Y no es menor labor la realización de visitas in situ.

 

    El acta de la última reunión, la número 38, de la Comisión de Patrimonio Mundial que se realizó en Doha en agosto pasado ya está disponible en Internet (WHC-14/38.COM/16). Se trata de un documento de 274 páginas en las que están contenidos todos los acuerdos alcanzados. Los medios de comunicación en general difunden cuáles son los sitios que ingresan a la lista pero, si se atiende al acta es el trabajo menos trascendente ya que se revisa el estado del patrimonio en peligro, y si se aceptan los cambios en los sitios ya existentes como en el caso de Calakmul, en Campeche (que amplió el área protegida transformándose de “Antigua ciudad maya de Calakmul, Campeche” a “Antigua ciudad maya y bosque tropical protegido de Calakmul, Campeche”, resolución 38 COM 8B.16).

 

    Se evalúan los informes de las comisiones técnicas y se hacen recomendaciones como las que se hicieron para el Centro Histórico de Puebla, motivados por la información enviada por México sobre la ruta alternativa del teleférico que se desplegará sobre los fuertes de Loreto y Guadalupe (resolución 38 COM 7B.45), además de que se formulan lineamientos que pueden servir para el mejor funcionamiento de la Convención. Se trata de un trabajo que supone equilibrios, tacto diplomático y conocimiento técnico.

 

    Cuando la Convención celebró sus 40 años, la UNESCO hizo público un documento con la interrogante ¿Cómo pueden la UNESCO y el Comité del Patrimonio Mundial -organismo encargado de establecer, poner al día y difundir la lista- supervisar tal cantidad de sitios y coadyuvar a su conservación? ¿Cómo se puede preservar o, incluso reforzar la pertinencia de la lista?

 

   México puede sumarse a estas interrogantes. Nuestra política de patrimonio ha sido en lo general exitosa pero, como en el caso de la Convención ¿no sería el momento de pensar si ante tan voluminoso patrimonio deben diseñarse nuevas estrategias e instrumentos que coadyuvaran a atender nuestro gran acervo? Es una pregunta necesaria para pensar el futuro.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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