Políticas Culturales

Las dos caras del fomento a la lectura

 

***”Una sociedad con equidad en las oportunidades educativas nos hará un país

más rico intelectualmente y muy posiblemente más pacífico y solidario”: Nivón, especialista en políticas culturales

ace 29 años comenzó la aventura llamada la Feria Internacional del Libro de Guadalajara (FIL); la cual seguramente ha atravesado por momentos difíciles, aunque hoy es, junto con el Festival Internacional Cervantino, uno de los dos grandes sucesos culturales de nuestro país.

 

De acuerdo con la propia FIL, los resultados en términos cuantitativos fueron extraordinarios: 762 mil asistentes, 160 mil a la FIL Niños, 1,945 editoriales provenientes de 44 países, más de 20 mil profesionales del libro y 2,722 medios de prensa acreditados.

 

Néstor García Canclini, Premio Nacional de Ciencias y Artes 2014, comenta que el fenómeno de las ferias de libro “es uno de los terrenos de gran expansión en los últimos años. El público asistente a estos encuentros también crece año con año y las ferias se esperan como un espacio de grandes confrontaciones culturales y políticas”.

 

Ahora bien, es muy probable que la expansión del fenómeno de las ferias de libro no sea paralelo al incremento de las compras y la lectura y, por ello es importante no incurrir en el narcisismo de los grandes números y de la indudable satisfacción de los participantes en las ferias.

 

El lado obscuro de esta realidad son los datos del rezago educativo acumulado en México que incluye la población de 15 años y más que 1) es analfabeta o sin instrucción, 2) que no concluyó la primaria, o 3) que no inició o no concluyó los estudios de secundaria. Visto numéricamente, hablamos de que en México, de 32 millones de habitantes, el 17% (5.3 millones) no sabe leer y escribir; el 32% (10.1 millones) no concluyó la primaria y; 51% (16.6 millones) no completó la secundaria.

 

De acuerdo con datos del Plan Educativo Nacional de la UNAM (http://www.planeducativonacional.unam.mx/CAP_05/Text/05_03a.html) el rezago rural se debe en su mayoría (57%) a que la población no sabe leer o no terminó la primaria. En cambio el rezago urbano radica en la falta de conclusión de la secundaria (63%). La atención por tanto debe ser diferente. En el primer caso hay que generar programas de iniciación en la educación básica que normalmente se hace de manera directa y personal. En las ciudades en cambio, habrá que disponer de medios para que la población interesada pueda acceder a programas que muchas veces pueden ser a distancia o de manera semi-presencial.

 

También hay que tomar en cuenta las edades. Los que no accedieron a la primaria o no la concluyeron son normalmente mayores de 50 años. Los que quedaron con la secundaria inconclusa o no la iniciaron son por lo general menor a esa edad. Pero lo más grave del rechazo es la marca de género, ya que el rezago es mayor entre las mujeres, y es mucho mayor aun cuando se trata de mujeres indígenas.

El orgullo de contar con un programa tan admirable como el de la FIL no debe hacernos olvidar la existencia de grandes desigualdades educativas. Una sociedad con equidad en las oportunidades educativas nos hará un país más rico intelectualmente y muy posiblemente más pacífico y solidario.

 

 

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