Políticas Culturales

El futuro de las bibliotecas públicas

 

“Las bibliotecas híbridas representan una oportunidad de fomentar los nuevos modos de leer en formatos digitales, tratando de diluir la brecha entre el lector integral de aquel que sólo tiene opciones reducidas para las prácticas lectoras”

n octubre pasado se llevó a cabo en México el Congreso Nacional de Bibliotecas Públicas y era sorprendente escuchar en muchas de las narrativas expuestas una pregunta constante, implícita o explícitamente: ¿Actualmente cuál es el rol de una biblioteca pública?; sobre todo cuando existen cifras, por ejemplo en una encuesta que se terminó de aplicar a principios de 2013 en el DF por la Asociación Civil Cultura y Ciudadanía, la cual señala que sólo 6 de cada 10 personas han ido a una biblioteca pública y, que 3 de éstas tienen más de 5 años que no han regresado a visitarla, se explica por qué la constante de esa pregunta.

 

     Ante esta necesidad de encontrar respuestas, muchos de los expositores en el congreso mencionado, argumentaban lo imperioso de apoyarse en lo último de las tecnologías, quizá como una expectativa de que estos espacios alcancen el futuro; otros decían que es necesario diversificar los servicios o transformar los espacios en lugares lúdicos; muy pocos lograron encaminar un concepto más integral: la biblioteca sí debe ser un espacio moderno y global, pero también que transforme el entorno local en el que está inmerso; sí digital pero antes que el desarrollo individual que prevalezca como elemento indispensable de la cohesión social; sí repositorios (físicos o digitales) de acervos actualizados, pero que se mantenga el enfoque en las necesidades del sujeto-usuario-lector; el conocimiento no lo hacen los libros o los anaqueles, las personas transforman la información y construyen conocimiento significativo.

 

      Así, el concepto con alta presencia fue el de Biblioteca Híbrida pero no porque el libro físico ahora vaya a ser vecino del libro digital, o porque se piensa que lo digital optimiza espacios, recursos y posibilidades de acceso; también porque lo virtual crea nuevas formas de vínculos y acercamientos a las generaciones más jóvenes. Otro ejemplo: 3 de cada 10 usuarios de bibliotecas públicas son jóvenes que asisten a estos espacios porque el principal atractivo está en el acceso a Wi-Fi o Internet. La brecha digital no sólo debe considerarse como una diferencia socioeconómica o de acceso que divide a las sociedades, también es una diferencia en la apropiación y, sobretodo, en la construcción de conocimiento generado a partir del uso de las tecnologías digitales.

 

     En el caso de las bibliotecas híbridas representan una oportunidad de fomentar los nuevos modos de leer en formatos digitales, tratando de diluir la brecha entre el lector integral de aquel que sólo tiene opciones reducidas para las prácticas lectoras.

 

    Las bibliotecas híbridas representan una oportunidad de fomentar los nuevos modos de leer en formatos digitales, tratando de diluir la brecha entre el lector integral de aquel que sólo  tiene opciones reducidas para las prácticas lectoras.Por ello, se propone este nuevo concepto que combina las bondades de nuestra época (computadora, Internet, conectividad, libro digital, tabletas) con lo clásico de la tradición editorial (libro-objeto, acervo suficiente, actualizado y con novedades, contacto con autores-escritores). Se trata no sólo de una reingeniería en el espacio bibliotecario, sino de un cambio en el paradigma y percepción de lo que es una biblioteca y su función social.

 

     Sumado a lo anterior, se trata de pensar a la biblioteca pública pero, desde otra lógica que va más allá del servicio, que requiere no sólo la capacitación del personal o el manejo idóneo del acervo; requiere también de la sensibilización de todos los actores involucrados en diferentes de niveles de decisión, desde la exigencia de que las bibliotecas deben estar en la agenda política de cualquier funcionario hasta el involucramiento de la propia ciudadanía para decidir qué quiere hacer con los espacios bibliotecarios.

 

     La necesidad de la sensibilización no se basa sólo en la emoción; no se trata sólo de reconocer su importancia y aplaudirla; también requiere de acciones concretas, especialmente cuando la pregunta sigue siendo constante ¿Qué tan útil es una biblioteca? Si bien la mayoría de las bibliotecas públicas del DF carecen de acervo actualizado, especialmente en lo que a autores o literatura reciente concierne. Y donde 7 de cada 10 usuarios de bibliotecas acuden a estos espacios para realizar trabajos escolares y que en muchas ocasiones no encuentran todo lo que necesitan.

 

    La utilidad no sólo está bajo la premisa de que las bibliotecas públicas promueven la difusión de la cultura, el fomento de la lectura, la preservación del patrimonio cultural, la recuperación de la memoria histórica; sus beneficios también radican en que son agentes del cambio, de desarrollo social y educativo del país; también porque aportan a la cadena de producción editorial y pueden interactuar con otros canales de distribución como son las librerías, los mismos autores-creadores, forman a lectores-consumidores de libros, revistas e historietas. Es decir, son una herramienta de posibilidades, de cambios, de mejoramiento de la calidad de vida de las personas; no basta con tener los mejores libros o los mejores espacios, siguen teniendo el rol fundamental para la comunidad en la cual vivimos; un motor para mejorar la vida, en los estudios, en la defensa de los derechos sociales y humanos.

 

  Recuperando lo que decía Gonzalo Oyarzún (Presidente del Comité Intergubernamental del Programa Iberbibliotecas de Chile) “Las bibliotecas públicas deben ser una piedra angular en cualquier dinámica social porque, la biblioteca es un verbo, es decir, es acción, movimiento y activación social”, por ello vale la pena analizar qué sentido social tienen las bibliotecas públicas para los mexicanos en pleno siglo XXI.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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