Políticas Culturales

Informe de Desarrollo Humano 2014:

Cultura, el recurso oculto

 

“La cultura es identidad y memoria, tradición e innovación, y en estas cuestiones el tema del desarrollo cultural comunitario va a la vanguardia”

uiero advertirle al amable lector que el Informe de Desarrollo Humano, el cual anualmente presenta el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), no dedica ninguno de sus apartados a la cultura ni a las políticas culturales, pero que, por así decirlo, éstas pueden inferirse tanto a partir de los principios que establece el informe como de las propuestas y recomendaciones.

 

    El Informe de Desarrollo Humano 2014 (IDH) tiene como título Sostener el Progreso Humano: Reducir vulnerabilidades y construir resiliencia. Este título ha esperado pacientemente alrededor de 15 años para encabezar un Informe sobre Desarrollo Humano.

 

    Un lector avezado y empeñado en analizar a detalle cada uno de dichos informes notará al cabo de algún tiempo que la solución de continuidad se parece mucho al camino a Mil Cumbres: entre tumbos, paradas inesperadas, averías y demás suerte de accidentes que ocurren en travesías sinuosas, se ha llegado a la conclusión de que “finalmente” nos estamos poniendo de acuerdo. Y para muestra dos botones que habrá que hacerlos caber en el ojal estrecho de las políticas al uso: “vulnerabilidades y resiliencia”.

 

    Según el buen entendimiento, un concepto novedoso sirve para abrir posibilidades también novedosas. Es cierto que no podemos exigir de un informe de carácter mundial transido de intereses, diplomacia, burocracia, buenas intenciones e investigación rigurosa, que acierte a traernos la receta con todo e ingredientes, pero tampoco podemos quedarnos en la crítica sobre sus limitaciones: estamos conminados, y subrayo la palabra, a habérnoslas con dichos conceptos, para ver si a partir de ellos damos un vuelco a la manera rutinaria de hacer las cosas. Y aquí aparece o al menos así parece, la tela de dónde cortar políticas culturales orientadas al bienestar. Vayamos hilvanando poco a poco.

 

    El hilo del concepto moderno de bienestar es la libertad de elección que nos caracteriza a todos los humanos, y ésta, según indica Amartya Sen, Premio Nobel de Ciencias Económicas en 1998, se resuelve a partir de las capacidades que tenemos para hacer cosas, frente a las oportunidades que se nos ofrecen para realizarlas. Las capacidades, sobre todo para hacer cosas, dependen en su mayor parte de oportunidades sociales. Una persona mal nutrida está en franca desventaja frente a otra bien nutrida, para mantener la atención, por ejemplo, en la escuela.

 

    Puede haber, y las hay, personas que eligen una mala nutrición, ejemplo es el problema de la anorexia, independientemente de las motivaciones que la psicología profunda nos ofrece para explicarnos la razón por la cual se da este fenómeno. Pero hay personas que no eligen una mala nutrición, simplemente la tienen debido a su situación de desventaja, frente a las oportunidades alimentarias.

 

     Sen ha subrayado desde el inicio de su propuesta dos criterios centrales, primero que el problema de la pobreza, como un problema de acceso al bienestar, no debe considerarse típicamente como un problema económico o solamente económico; y segundo, que lo que puede orientar a una política de bienestar es el concepto de desventaja, por demás, mensurable y controlable. Quedémonos con la idea de desventaja, especialmente como término de contraste del ejercicio de la libertad de bienestar.

 

    En efecto, las desventajas que se tienen a lo largo de la vida pueden llevar a las personas a un descenso o a un recrudecimiento cada vez mayor de su situación de tal modo que éstas terminen excluidas de cualquier posibilidad de bienestar; esto es, privadas de libertad. El hecho de que unos cuantos tengan, y en abundancia y otros muchos carezcan de prácticamente todo, no solamente no lleva a limitarlo como caso de desigualdad sino además, nos enfrenta al problema de la libertad. El hecho social de la desigualdad entraña, al mismo tiempo, ausencia de libertad. De este modo las reflexiones de Sen nos llevan a vincular estrechamente libertad e igualdad por medio de su contraste: las desventajas.

 

    El hilo del concepto moderno de bienestar hilvana así, libertad e igualdad. Ahora bien, la desventaja como su contraste, nos lleva a considerar una dinámica de graves prejuicios sociales: las personas tienden a lo largo de su vida a experimentar formas de exclusión. Asumamos, como algunos lo hacen, que “exclusión” es un resultado o la resultante de un proceso de deterioro. Las desventajas nos ponen en esta situación a lo largo de nuestra vida.

 

 

 

    El sociólogo francés Robert Castel definió hace más de 20 años algo a lo que él denominó “zona de vulnerabilidad”, y entendió por ésta el proceso que describe cómo las personas van de mal en peor, por decirlo crudamente. Y advirtió, como profeta en el desierto, que si no se ponía especial atención a esta zona al momento de diseñar políticas sociales, acabaríamos francamente donde comenzó la “cuestión social”, en el asistencialismo decimonónico.

 

    Mucho se ha escrito desde entonces acerca de la vulnerabilidad social. Las primeras reacciones se orientaron hacia el problema del riesgo, al que se propusieron como vías de solución: el desarrollo de políticas de seguridad humana, en estrecha relación con políticas de paz, seguridad, ambiente y desarrollo. Así, desventaja, junto con vulnerabilidad, comenzaron a formar un cuerpo teórico al lado de propuestas de paz, ambiente y desarrollo, al amparo del concepto de seguridad humana.

 

    Así entramos en pleno siglo XXI, con el esfuerzo de dar sentido a la complejidad social de este mundo globalizado. Es probable que estos conceptos se vayan clarificando y enriqueciendo a partir de matices y distinciones propias de hilados más finos. Y ahora resulta que a estos se añade el concepto de resiliencia social, que trae a cuento el Informe de Desarrollo Humano. ¿Añade algo a este naciente cuerpo teórico?

 

    Resiliente, término que se retoma de las ciencias de la naturaleza, sin duda, porque se ha observado que hay personas que responden mejor a situaciones adversas que otras, y que no solamente se debe a cuestiones de temperamento: también se aprende a ser resiliente. Y dado que es un aprendizaje, entra entonces como tema de análisis de las ciencias humanas y sociales.

 

    Lo importante, independientemente de la discusión sobre su pertinencia, es que es un concepto que se ubica del otro lado del ruedo. Y es acompañante fiel de un término de suma importancia, a saber, aquél que considera a las personas como agentes de su propio desarrollo.

 

    Hay otro grupo de conceptos que como los espontáneos se lanzan al ruedo y se arriesgan directamente con el torero: resiliencia, agencia, empoderamiento, son de esta familia de términos espontáneos y arriesgados.

 

    Aquí aparece el tema de la cultura. Si se reconoce que la resiliencia se mide también por la capacidad que tienen las personas de salir adelante, especialmente mediante respuestas innovadoras; tiene que tomarse en serio la creatividad como un recurso. La cultura es identidad y memoria, tradición e innovación, y en estas cuestiones el tema del desarrollo cultural comunitario va a la vanguardia.

 

    La gente en situaciones de vulnerabilidad se reúne y festeja, pero también se reúne y discute; hace suyos espacios para la convivencia, propone formas novedosas de solución de problemas, incluidas formas de construcción de paz y transformación de conflictos. Las personas en situaciones de vulnerabilidad tienen recursos para medirlos en vínculos, capacidades, solidaridades. No plantean problemas aislados sino los propios de su comunidad y de sus vecindades: el arte y las expresiones vitales de la cultura los acompañan es, como desde un inicio se planteó así, su capital cultural, no la erudición ni la técnica depurada, sino las relaciones sociales y las expresiones vitales de las mismas. Son los recursos socioculturales, que por cierto incluyen también a los económicos, las fuentes de la resiliencia social.

 

    Esperemos que el cuerpo de argumentos construido desde hace varias décadas sobres estos temas, al fin sean puestos en marcha, ¿por quién?, por nosotros, gobierno y sociedad.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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