Políticas Culturales

La lectura como promotor de un cambio social

 

omentar la lectura, no sólo como pasatiempo, sino como medio para cambiar el entorno, un entorno que algunas veces puede ser agreste, permeado por la violencia y, hasta de poco aliento para que niños y niñas sobrevivan a contextos de incertidumbre, es a lo que se ha comprometido un numeroso grupo de ciudadanos, y el Conaculta, a través de su Programa Nacional de Salas de Lectura, lo reconoce e impulsa.

 

   Se trata de los Mediadores de Lectura: profesores, amas de casa, jubilados, estudiantes o promotores culturales, quienes de manera voluntaria, dedican parte de su tiempo a promover la lectura, a todo aquel interesado en sus comunidades.

Existen cerca de 2 mil mediadores de lectura en México, y son quienes han ideado estrategias, muchas de ellas exitosas, para formar lectores. Son ellos quienes, a través de las Salas de Lectura, se han dado a la tarea de reflexionar sobre temas de interés nacional.

 

    Salas como La Ratonera, a cargo de Marta Teloza Castillo, en San Luis Potosí, o Mi Refugio, bajo la coordinación de Lina Xóchitl Flores, en Chiapas o, El Caleidoscopio, de Andrés Briseño Hernández en Zacatecas, se han propuesto diluir la violencia y ofrecer un camino diferente, mediante la lectura.

 

    El Conaculta reconoce al mediador como agente de participación social, por ello  organizó en Morelia, Michoacán el coloquio denominado La Lectura, el uso social y sus entornos, en donde los mediadores intercambiaron sus experiencias en ámbitos como la violencia familiar, el desarraigo por la migración, y con públicos diversos como personas con capacidades diferentes o que hablan distintas lenguas.

 

    Y es que su tarea es ardua, ya que son ellos mismos quienes se encargan de gestionar la visita de autores y especialistas en temas que son de especial interés; son quienes enseñan a reciclar, quienes buscan los textos que permitan ampliar el vocabulario y la imaginación de niños y jóvenes; son ellos con sus acciones los que promueven el desarrollo de México.

 

    El Programa Nacional de Salas de Lectura del Conaculta apuesta por la sociedad civil y busca hacer alianza con la gente, con los ciudadanos. Es que no es fácil reunir a vecinos, a jóvenes en situación de calle, a madres solteras, y ponerse a leer. Y aunque los propios mediadores señalan que la lectura debe ser por placer, poco a poco se han dado cuenta que generar un círculo de lectura implica más que un espacio de encuentro o de socialización; es comprometerse con el otro a buscar una salida a un problema concreto.

 

    Las Salas de Lectura son el mejor ejemplo de cómo una iniciativa de gobierno se puede ciudadanizar. Se trata de un programa nacional, cuyo eje principal son los ciudadanos y que reconoce a estos voluntarios no sólo como mediadores de lectura sino como promotores de un cambio social, por lo que bien vale la pena fortalecer y ampliar.

 

 

 

   No sólo se trata de reunir el material bibliográfico necesario para transmitir un mensaje sobre un contexto específico; es acercarse a la madre de familia para ayudar a su hijo, que tiene la voluntad de leer pero que expresa problemas en las habilidades lectoras o de aprendizaje; implica hacer un acompañamiento cercano y personalizado del lector, conocer parte de su vida y que, con la ayuda de la lectura, se encuentren alternativas.

 

    Una de las conclusiones a la que llegaron los participantes del coloquio, es que la lectura ha ayudado a cambiar, si no la vida misma, sí una parte de la de los asistentes a estos núcleos ciudadanos. Ha aportado un cambio a temas concretos como la convivencia infantil, por ejemplo, Martha, de la Sala de Lectura La Ratonera asegura que con lecturas como Fernando el furioso, de Anthony Browne, se ha logrado cambiar conductas agresivas o de violencia emocional, por actitudes de cordialidad entre los niños.

 

    Otra gran aportación de cómo la lectura abona al cambio social es que muchos de los mediadores tienen como estrategia, el análisis del sentido de las palabras, es decir, somos lo que decimos, y eso se nota cuando hacemos diferencias entre hombres y mujeres, entre niños y niñas. “En un ejercicio con una de mis invitadas psicólogas, dice Xóchitl de la Sala de Lectura Mi Refugio, nos percatamos a través de la lectura, que una niña padecía violencia por parte de uno de sus hermanos varones. La niña al hacer explícita esta situación decidió hablar con su mamá y la invitó a las reuniones semanales de la Sala. Ahora juntas trabajan su relación y su experiencia familiar”, compartió.

 

   En la Sala de Lectura El Caleidoscopio, Andrés comenta que estrategias como la que tituló “Cuentos que detienen balas”, el conocimiento puede generar alternativas laborales distintas, ya que él trata de reflexionar de manera colectiva sobre cómo el narcotráfico, presente en su comunidad, no es la salida para que los jóvenes cuenten con ingresos económicos.

 

Ejemplos como estos, donde la labor de mujeres y hombres como mediadores de lectura impacta en la realidad; donde la lectura no es sólo una terapia ocupacional, sino una vía para reconstruir la vida cotidiana, generando espacios que tengan como base el respeto, la confianza, la igualdad y la libertad, es que surge como interrogante ¿Es la cultura un regenerador del tejido social? La respuesta está en estos mediadores, quienes de manera autogestiva, promueven en sus Salas de Lectura, un espacio para la cultura y el arte como proceso creativo, para fortalecer la autoestima, fomentar los valores humanos y generar identidad que favorecen la convivencia social.

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“Las Salas de Lectura que promueve y apoya el Conaculta son el mejor ejemplo de cómo una iniciativa de gobierno se puede ciudadanizar. Se trata de un programa nacional, cuyo eje principal son los ciudadanos y, que reconoce a estos voluntarios no sólo como mediadores de lectura, sino como promotores de un cambio social”