Políticas Culturales

Los jóvenes y el acceso

a la cultura

 

“Apremiante, hacer caso a las recomendaciones internacionales de políticas transversales en materia de jóvenes y cultura”

 na de las cosas que no se entiende es la política de los descuentos para estudiantes. Y es que la deserción escolar que existe en la región Iberoamericana obliga a pensar soluciones en conjunto para que los jóvenes en esta situación no queden marginados en el acceso a los bienes y servicios culturales; por el contrario, es necesario pensar soluciones creativas para acercarlos más a la cultura.

 

   Me centraré en el acceso, uso y disfrute de los bienes culturales y patrimoniales. Empiezo por mencionar un caso, el de la Ex-Hacienda de Chautla; este inmueble poblano que es catalogado desde hace décadas como patrimonio histórico, se ve diariamente rodeado de jóvenes, y digo rodeado porque muchos de ellos no logran ingresar. El salario mínimo diario en esa zona de la República Mexicana es de poco más de 63 pesos, que resultan insuficientes frente al costo de la entrada general de $40 y $20 para estudiantes con credencial… y la mayoría de las escuelas no entregan la credencial a menos que un estudiante la solicite. Por ello, la política del descuento sólo para estudiantes deja literalmente fuera de la hacienda y otros inmuebles históricos, a los jóvenes que en su mayoría han tenido que desertar de la escuela por problemas económicos.

 

   En el 2012, el estado de Puebla tenía 1.6 millones de jóvenes de entre 15 y 29 años y, de entre los 15 y 19 años, sólo el 77.9% asistía a la escuela. El INEGI agrega a esta información, que la mayoría de quienes desertan del sistema educativo lo hacen porque no pueden sufragar los libros, el transporte o el coste de la vida; éstas son algunas de las   causas por las que los chicos que juegan fútbol en el exterior de la Ex-Hacienda no sólo queden fuera de la educación formal, sino que tampoco pueden acceder al patrimonio que existe en su propio municipio.

 

   Éste problema no es sólo en Puebla, que comparativamente se encuentra entre los estados que menos deserción escolar tienen, considerando que en México y en la región de América Latina puede alcanzar en promedio niveles del 55 por ciento, de acuerdo con la Organización Iberoamericana de la Juventud (OIJ). Por eso resulta apremiante hacer caso a las recomendaciones internacionales de políticas transversales en materia de jóvenes y cultura. No tengo nada en contra del fútbol, pueden seguir jugando afuera de la Ex-Hacienda, pero sería idóneo que tuvieran la posibilidad material de ingresar.

 

   Estas líneas no pretenden ser el muro de las lamentaciones sino una invitación a pensar en todas las soluciones posibles, sean locas, sencillas o moderadas. No está de más observar lo que se hace en otros sitios. En ese sentido y a nivel local, en algunos municipios de España, existe una tarifa general y otra para los habitantes del pueblo. En esa lógica, en Europa encontramos diversidad de descuentos como son los destinado para las personas originarias de países miembros de Iberoamérica; para ciudadanos y residentes de la Unión Europea; para trabajadores de la cultura, académicos y estudiantes menores de 29 y; para desempleados acreditados, entre otros. Existen incluso entradas libres para el público en general las últimas dos horas, que se suman a las jornadas o noches de puertas abiertas.

 

  En México, afortunadamente se cuenta con alternativas como las noches de museos, los domingos con entrada gratis y, los descuentos para adultos mayores y estudiantes, entre los más destacados. Pero insisto, si el INEGI señala que en 2012, 31 millones de jóvenes habían desertado de la escuela en México y, la OIJ advierte que el 55 por cierto de la población joven deserta del sistema educativo, no pidamos su credencial escolar, mejor proporcionemos más opciones que les permitan acceder a la cultura, sin importar que el espacio sea de gestión local o federal.

 

   Políticas públicas ¿para cuáles jóvenes?

En septiembre de este año, la Organización Iberoamérica de la Juventud publicó su tercer informe sobre la situación de los jóvenes en la región. Para ello contó con el apoyo de datos de los países miembro y de distintos organismos nacionales e Internacionales. Este documento es prueba de que actualmente existen más estudios que permiten conocer qué tan diversa es la ciudadanía que va de los 15 a los 29 años y cuáles son sus retos.

 

   Es imposible que 160 millones de personas entre ese rango de edad sean todos iguales y tengan las mismas necesidades, por ello, hablar de una sola política pública para los jóvenes, sería un contrasentido. Aun así, tenemos retos compartidos: De acuerdo a la OIJ, un ejemplo muy claro es el del presupuesto. La inversión educativa capta el 80% del gasto público regional en juventud; aun así, seis de cada diez jóvenes en Iberoamérica concluyen la secundaria y uno de cada diez, la educación superior.

 

   El acceso al empleo formal es casi un sueño para la mayoría de los jóvenes. Y no es de extrañar si se considera que para el 2012 en la región Latinoamericana casi el 24% de los jóvenes vivía en condiciones de pobreza (35.4 millones) y 8,4%, es decir 12 millones, sobrevivía en situación de indigencia.

 

 

    Como bien señala Néstor García Canclini en la revista Observatorio Cultural, con motivo de la Cumbre Mundial de Artes y Cultura 2014, en cuanto a la CEPAL, “los jóvenes tienen mayores logros educativos que los adultos, medidos en años de educación formal, pero por otro lado menos acceso al empleo. Manejan con mayor ductilidad los nuevos medios de información, pero acceden en menor grado a los espacios consagrados de deliberación política y están menos aliados a los partidos. Expanden exponencialmente el consumo simbólico, pero no así el consumo material”.

 

    A millones de jóvenes en México y la región Iberoamericana les urgen más políticas públicas transversales que los consideren protagonistas de su propio desarrollo y del de los países donde radican. Estas políticas deben ser adecuadas para las diferentes realidades y los retos a los que se enfrentan. Las iniciativas culturales en muchos casos son pioneras en esa lógica. Algunos casos han tenido tal éxito que pasaron de ser una iniciativa de inclusión de jóvenes a la cultura, a convertirse en un punto de desarrollo regional, como sucedió por ejemplo con el Festival Internacional Cervantino (FIC).

 

   Lo anterior nos lleva a distinguir dos situaciones en materia cultural: por un lado, las iniciativas para promover a los jóvenes creadores y; por el otro, las políticas públicas necesarias para que los jóvenes puedan hacer uso de su derecho a la cultura, en condiciones adecuadas.

 

   En cuanto a la promoción y creación cultural por parte de las instituciones, existen numerosas iniciativas como los Creadores del FONCA, en México; las Orquestas Infantiles y Juveniles, en varios países de  Iberoamérica; Acciona, en Chile; Jóvenes creadores, en Portugal; Casa INJU, en Uruguay; Creación INJUVE, en España; Inclusión de jóvenes a través de la música, en Paraguay y; Colombia emprende, entre muchas otras.

 

   Aún falta investigación y mayores propuestas para coadyuvar a que más jóvenes puedan hacer pleno uso de su derecho a la cultura. Y es que en el debate teórico ha cobrado fuerza la cultura como vínculo para la cohesión social y el desarrollo económico; pero a veces, como se puede ver en el caso de la Ex Hacienda de Chautla, basta con empezar con pequeñas acciones que puedan garantizar que aquellos que están en condiciones de exclusión social, no sean doblemente excluidos.

 

   El mensaje es claro, en ocasiones para que los jóvenes puedan acceder a la cultura, basta con abrirles la puerta. En otras, es más complejo. Empecemos por abrirles los espacios formales y terminemos por garantizarles una vida, con derechos plenos, seguridad y calidad

de vida.

 

 

 

 

 

 

 

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