Políticas Culturales

Cultura y proyecto nacional. México frente al caso Puerto Rico

 

“Aunque en nada se parece nuestro país a la condición puertorriqueña, a no ser por la enorme importancia que ha tenido la cultura en el desarrollo del proyecto nacional. Por lo pronto, la decisión del CONACULTA de comprometerse con el desarrollo de acciones que favorezcan una convivencia pacífica y democrática es un hecho relevante que lo ubica positivamente frente a los retos futuros de nuestra sociedad”

éxico llega a un aniversario más de la lucha por su independencia en medio de discusiones políticas sobre su futuro y sobre las acciones a desarrollar en el presente. Son los debates naturales de una sociedad democrática, en donde las confrontaciones, los desacuerdos y las propuestas deben ser canalizadas a través de las instituciones.

 

    No causa sorpresa que se pida a los organismos culturales un empuje especial. Son ellos los encargados de procesar los símbolos, los proyectos creativos y hasta cierto punto, el tono sensible de nuestra convivencia, que se debe plasmar en un proyecto de nación democrática y pluricultural, pero ¿Dónde debemos mirar para reflexionar sobre nuestros retos como nación independiente? Y es que a veces vernos en el espejo de otros casos es ilustrativo. Uno de ellos, radicalmente diferente al nuestro es Puerto Rico.

 

    La más pequeña de las Antillas mayores cambió en 1898 de la soberanía española a la americana sin poder ser nunca un Estado autónomo. Y, a diferencia de Cuba, su suerte ha estado determinada en todo momento por el gobierno estadounidense. La educación en los orígenes de esta nueva situación, estuvo en manos de las autoridades designadas por Washington y desde el primer momento, fue un terreno de batalla cultural. Fue en 1937 cuando se intentó desterrar el idioma español de la enseñanza básica, desatando con ello un movimiento de resistencia admirable que impidió esa catástrofe cultural.

 

     La actual directora del Instituto de Cultura de Puerto Rico, la doctora Liliana Ramos Collado, explica en entrevista para este texto, los primeros pasos de la institucionalidad cultural en ese país. Y es que, en 1948 se concedió a los ciudadanos de la isla el derecho a elegir su primer gobernante, quien designó una autoridad educativa propia. En lugar de que el gobierno de Luis Muñoz Marín se centrara en la promoción del desarrollo, a través de obras de infraestructura, en comunicaciones, electricidad o urbanización, se empeñó en un proyecto cultural basado en la educación de adultos, a través de la División de Desarrollo de la Comunidad, la cual tuvo la virtud de ser un proyecto autogestivo.

 

    Y de hecho, ese proyecto dice la Dra. Ramos, condujo las diferencias internas de campo-ciudad, de clase y de raza, además de que favoreció un pensamiento crítico sobre las realidades inmediatas. “Educaba adultos para que enseñaran a sus hijos”, señala.

 

    Vino después, en 1952, la aprobación de la primera Constitución de Puerto Rico, un documento muy avanzado de acuerdo con la funcionaria y, es que en ese contexto, el proyecto socio-cultural del gobernador Muñoz Marín profundizó su apuesta creando otras instancias como la Orquesta Sinfónica, el Festival Casals, el Conservatorio de Música, la Corporación para la Difusión Pública (la radio y televisión pública), la Casa del Libro y el inicio de una política de patrimonio.

 

    En 1955 se creó el Instituto de Cultura Puertorriqueña y con él, una red de casas culturales. “Un proyecto intenso, lleno de entusiasmo pero con muchas limitaciones, lo que dio al proyecto organizativo del instituto, el tono de un modelo horizontal basado en convenios con los organismos locales”.

 

    Liliana Ramos es clara al definir el proyecto cultural de esos primeros años: El Instituto se propuso luchar y defender una cultura autóctona, en condiciones de subordinación a los Estados Unidos. Ya la lucha por la defensa del español se había dado antes pero aun así el idioma se convirtió en la punta de lanza cultural. “Proteger la cultura indígena (es decir, popular) era también uno de sus objetivos”, asegura.

 

 

 

 

   A más de seis décadas de creación del instituto, la directora es sincera al decir que con los años “el instituto se esclerotizó”, por lo que ya no es suficiente la política de conservación o de promoción, sino que debe desarrollar nuevos proyectos a tono con la situación actual.

 

   Podemos decir que en nada se parece México a la condición puertorriqueña, a no ser por la enorme importancia que ha tenido la cultura en el desarrollo de nuestro proyecto nacional, aunque también es necesario preguntarnos si no es necesario emprender acciones de renovación. Por lo pronto, la decisión del CONACULTA de comprometerse con el desarrollo de acciones que favorezcan una convivencia pacífica y democrática es un hecho relevante que lo ubica positivamente frente a los retos futuros de nuestra sociedad.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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