Políticas Culturales

 

Los responsables de la programación cultural.

El Sistema Nacional

de Cultura en Brasil

no de los debates más relevantes en torno a las políticas públicas de cultura es quién es el sujeto responsable. Ojo, estamos hablando de ese campo de las políticas culturales que es resultado del reconocimiento de que los Estados modernos tienen una responsabilidad en la atención de las necesidades y derechos culturales de los ciudadanos y por ello resulta obvio que el primer responsable de las políticas públicas de cultura sea la administración pública en sus diversos niveles. Pero la pregunta inicial viene a cuento porque siendo la cultura un espacio tan amplio y de tanto interés para los ciudadanos podemos interrogarnos si es sólo el gobierno el único actor en este campo o debemos incorporar a varios más.

 

   Las respuestas que se han dado a esta pregunta tienden a expresarse en una polaridad. Una puede ser que al tratarse de políticas públicas, el Estado o el gobierno es el único responsable ante la sociedad, como es el caso de las políticas de defensa o justicia. Otra respuesta, como la ha propuesto el profesor Albino Rubim, actual Secretario de Cultura del estado de Salvador en Brasil y, autor de Políticas Culturais no Brasil; y es que las políticas públicas de cultura no pueden ser medidas con el mismo racero del resto de las políticas públicas porque éste es un campo en el que intervienen muchos más actores, los cuales participan en la definición de objetivos, de las metas e incluso en la ejecución de las políticas.

 

   Podríamos decir que esta última situación no es exclusiva del campo cultural, también la podemos observar en la educación o la salud, donde hay actores privados, pero es cierto que el espacio que se les da a estos actores en la planeación y ejecución de políticas es marginal.

 

   Vistas así las cosas parece que la solución está en reconocer la prioridad del gobierno en la conducción de las políticas públicas y la necesaria participación de otros actores que resultan tan importantes como los actores públicos.

 

   Pero aún dando la razón al profesor Rubim queda todavía un tema importante, ¿Cómo debe darse la participación de la sociedad en la ejecución de los planes de cultura? Resulta poco realista y hasta demagógico decir simplemente que hay que dar espacio a la participación de otros actores sin encontrar una ruta ordenada para hacerlo. Por ello parece atractiva la idea de la construcción de un Sistema Nacional de Cultura.

 

   La doctora Diana Gomes promotora cultural de la ciudad de Fortaleza, Brasil, ha trabajado con mucho cuidado este tema. Uno de los estímulos más relevantes para pensar en sistemas de cultura proviene de una invitación de la Organización de los Estados Iberoamericanos (OEI) que alrededor del año 2000 solicitó que los estados miembros dieran a conocer cómo estaban constituidos sus sistemas de cultura.

 

    Diana Gomes piensa que esa convocatoria tenía un sentido organizador. En los años 60 la UNESCO había impulsado la realización de informes sobre las políticas culturales nacionales y ello había derivado en estudios que tendían a lo histórico, a pensar en las trayectorias que habían seguido las definiciones e instituciones culturales de cada país. Con la convocatoria a presentar los sistemas culturales, se pensaba en cambio, en dar primacía a la organización, las relaciones y los apoyos mutuos de los programas e instituciones de cultura.

 

    México en ese tiempo también envió información sobre el sistema de cultura pero se trataba principalmente de la normativa y de las características de las instituciones de cultura del país. Poco se podía deducir de un sistema de cultura real, un concepto que no se manejaba en el entramado institucional de la cultura en nuestro país, como sí lo era en los campos de la salud o de la educación.

 

   En Brasil, en cambio, el tema del Sistema Nacional de Cultura adquirió una relevancia interesante. Gomes señala que el tema en su país, viene de lejos. Ya en los años 70 se discutía sobre esta cuestión, pero fue a raíz del inicio de la actividad de planeación cultural en la década pasada que se relacionó legalmente el Plan Nacional de Cultura con su principal instrumento, el Sistema Nacional de Cultura (Ley 12.343 de 2010). Dos años más tarde, una reforma constitucional inscribió en la Carta Magna brasileña la creación del Sistema Nacional de Cultura (art. 216-A).

 

    Brasil como México son repúblicas federativas, pero ciertamente la primera tiene una tradición muchísimo más compleja en este sentido. Por ello la idea de un Sistema Nacional de Cultura no puede ser sino una propuesta que debe ser aceptada por los estados y los municipios que en Brasil son más de 5 mil.

 

 

 

    Diana Gomes explica que la importancia del Sistema Nacional de Cultura en su país fue que pasó a constituirse en “una de las estrategias del programa cultural para el desarrollo del país” y, enfoca su actuación en la consolidación de un sistema no sólo de informaciones culturales, sino en la planificación de un “instrumento de articulación y pacto entre estados brasileños, en su dimensión a la vez unitaria y federativa, y la sociedad”.

 

    En otras palabras, un país tan diverso y grande como Brasil, como una tradición federativa mucho más robusta que la de México decidió crear un nuevo sujeto responsable de la programación cultural. Éste responde a la dinámica nacional en su conjunto y no a la del gobierno federal. “Al elaborar una política que va más allá de los límites del Ministerio de Cultura –dice Diana Gomes-, se ha iniciado una fase en la que las políticas culturales se han concebido como estrategia. Dicho gobierno ha marcado una diferencia profunda hacia sus predecesores al redefinir la misión del Ministerio de Cultura, “como formulador y promotor de políticas de desarrollo cultural”, y al diseñar la cultura como vector y catalizador del desarrollo social y económico de Brasil”.

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“Brasil como México son repúblicas federativas, pero la primera tiene una tradición muchísimo más compleja. Por ello la idea de un Sistema Nacional de Cultura no puede ser sino una propuesta que debe ser aceptada por los estados y los municipios que en Brasil son más de 5 mil”

“Las políticas públicas de cultura no pueden ser medidas con el mismo racero del resto de las políticas públicas porque éste es un campo en el que intervienen muchos más actores, los cuales participan en la definición de objetivos, de las metas e incluso en la ejecución de las políticas”