Políticas Culturales

Las nuevas tecnologías en el ámbito cultural

¿Tiro certero o dardos al azar?

 

“Para que la Agenda Digital Cultural tenga tiros certeros deben aplicarse con conocimiento, los soportes tecnológicos que está usando el ciudadano. Es éste el que debe estar en el centro de la política”

 a reciente aprobación de la Ley de Telecomunicaciones en México suscitó importantes debates en torno de la materia. No podemos negar que somos parte de un mundo inmerso en las tecnologías de la información, desde el uso apasionado entre dos adolescentes hasta el pago de impuestos. Vivimos en esa realidad de entornos digitales y empresas proveedoras de servicios. Todo parece indicar que estás conectado o eres parte de la brecha digital, la brecha cultural e incluso la del desarrollo.

 

    De acuerdo con el Banco Mundial, en el año 2013 en España, el consumo de teléfonos celulares era nada menos que de 107 por cada 100 habitantes, mientras que en México, era de 86. En principio no parece tanta la diferencia, sin embargo, el enfoque cambia cuando se revisa la letra pequeña y observamos que el uso es muy distinto. En México la mayoría de esos teléfonos son de prepago; en cuanto a modelos los smartphone son la minoría, por lo que se reduce el acceso a Internet a través de este soporte. Y tener el modelo más reciente de teléfono, tal y como lo señala The Competitive Intelligence Unit, S.C., no garantiza una buena conexión. En el 2014, mientras que en Europa la velocidad va de 3G a 4G, en nuestro país accedemos a 2.5G; mientras tanto, la banda ancha es un reto para todos: en España, por cada 100 habitantes, acceden a ella 21; en México 11.

 

    Ante esta diferencia de consumo y acceso de servicios no es de extrañar la disparidad en las políticas públicas dirigidas a fomentar el uso de las Tecnologías de la Información y Comunicación (TIC) en los países con más desarrollo y en México. Por eso, para la adopción de la Agenda Digital Cultural no se trata sólo de imaginar y contrastar experiencias exitosas en el uso de éstas, sino de establecer cuáles son las más adecuadas para contrarrestar la brecha digital existente.

 

    Pero hablemos claro, cuando se habla de la Agenda Digital en materia de cultura no se trata sólo de crear la página web del museo, digitalizar los códices, proteger los derechos de autor on line, o hacer aplicaciones para los smartphones o las tabletas. Eso ya está sucediendo. Como lo señaló durante la Conferencia de Ministros de Iberoamérica Rafael Tovar y de Teresa, presidente del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, en la presentación de la propuesta de México y España para la Agenda Digital Cultural para la región, ésta ha pasado de ser una herramienta más “a conformar un terreno de desarrollo en sí mismo y a la vez un ámbito de acción transversal en su conjunto.”

 

    Para los gobiernos del mundo no pasa desapercibido que la tecnología cambia con más velocidad que la capacidad de resolver los retos que plantea. En ese sentido, en los últimos años se han creado diferentes agendas digitales con principios, métodos y fines muy distintos entre sí. En éstas, el capítulo cultural está presente, sobre todo, en materia de industrias culturales que aportan contenidos al mundo digital, pero también se ha visto que a través de las nuevas tecnologías y proyectos educativos y culturales, es posible enfrentar las brechas del desarrollo.

 

    Pues bien, si no solamente hablamos de páginas web, de hacer películas on line, de digitalizar archivos gráficos y sonoros ¿De qué se habla cuando mencionamos la Agenda Digital Cultural? En principio se habla de estrategias y tácticas para enfrentar los cambios que la tecnología impone a la sociedad; de hecho, la Unión Europea ha planteado que “esto no es la evolución del pasado industrial sino un proceso de cambios radicales” y que esta revolución digital sólo tendrá beneficios si se logra incluir a todos los ciudadanos.

 

    La visión mexicana coincide con la de la Unión Europea, al considerar que las TIC impregnan virtualmente a todos los aspectos de nuestra vida y están vinculadas al deseo de una economía próspera y de una sociedad más democrática, abierta e integradora. La resolución del Parlamento Europeo el 5 de mayo de 2010, sobre la nueva Agenda Digital para Europa  2015.eu(2009/225(INI)) establece las líneas generales de los objetivos para Europa.

 

    La agenda mexicana y la europea coinciden en materia cultural al visualizar a las industrias culturales en un papel esencial en el fomento a la diversidad cultural y a la democracia participativa. Ambas ven la necesidad de encontrar formas para que los usuarios puedan acceder a los servicios y los contenidos digitales, más allá del software que usen. Los dos proyectos coinciden en la necesidad de acciones y plataformas para la difusión de entornos digitales. Y en apariencia, ambas ven al ciudadano como núcleo de la acción política, y digo en apariencia porque en el caso de la Unión Europea se plantea la inclusión de cada uno de los ciudadanos para beneficiarse de la revolución digital, y establece metas concretas como el acceso del 100 por ciento de sus habitantes.

 

    En México las administraciones públicas no suelen poner metas concretas pero me encantaría que se arriesgaran a planearlo con objetivos puntuales, es decir, que se plantearan para el 2018 que todos los municipios pudieran acceder, en línea y a través de las infraestructuras existentes, a la temporada de Ópera de Bellas Artes de México. Y ya entusiasmados cual carta a los Reyes Magos, también desearía la aplicación (app) para mi tableta.

 

 

 

 

Tiros certeros o al azar

 

    Justo lo anterior se trata del dardo envenenado de la Agenda Digital Cultural: exigir el uso de aplicaciones, llámense web 2.0, apps o códigos QR, sin saber quiénes son los usuarios, es dar elementos para criticar la agenda antes de que funcione. La tecnología digital es cambiante y los presupuestos públicos limitados, por eso se deben tener muy claros los objetivos y conocer bien los hábitos de uso y consumo de los ciudadanos. No se trata sólo de reconocer las fortalezas en infraestructura cultural o las riquezas que se tienen y tratar de acercarlas a los ciudadanos, sino de establecer metas para disminuir la brecha digital en favor del desarrollo.

 

    En ese sentido vale la pena ver el caso español como parte de la Unión Europea. Europa  propuso como parte de su agenda, acciones cuantificables a lo largo de los años y con la transparencia de que cualquier persona pudiera medir y valorar si se han alcanzado los objetivos. Por ejemplo, se planteó para el año 2015, lograr la conexión de Internet de alta velocidad para el 50 por ciento de los hogares y, para el 2020 del 100 por ciento. Cada año se presenta un informe sobre los avances en la materia.

 

    En el caso de España se considera que no ser parte de la era digital implica quedar fuera del desarrollo, por ello se crearon los denominados Ejes del Plan de Inclusión Digital y Empleabilidad de la Agenda Digital. Queda claro que se considera a la materia como un eje transversal esencial para la competencia, la democracia y el liderazgo económico.

 

    Sus tres ejes son Accesibilidad, Alfabetización e Igualdad; en el primero se establecen las acciones para dar acceso a los grupos con brecha digital generacional entre otros; el desarrollo de aplicaciones y; lo más importante, los estudios sobre accesibilidad y la investigación para el desarrollo.

 

     El segundo, el de la alfabetización, va dirigido a acercar las TIC a los colectivos desfavorecidos o con poco uso de éstas, además de comprender programas de formación. En el tercero, el programa de igualdad se encarga de elaborar estudios con perspectiva de género en el consumo de las Tecnologías de la Información y Comunicación y, a partir de ello, establecer programas.

 

     Cabe mencionar finalmente que existe información muy precisa del uso y consumo de las tecnologías de la información, por lo que quienes se encarguen de elaborar las políticas en la materia deberán recurrir a ella, al menos para saber qué sistema operativo se usa más y en qué regiones, por ejemplo.

 

    Para que la Agenda Digital Cultural tenga tiros certeros deben aplicarse con conocimiento, los soportes tecnológicos que está usando el ciudadano. Los ciudadanos deben estar en el centro de la política, porque serán los usuarios y los beneficiarios. Es aconsejable que la Agenda Digital de México incluya a cada uno de los mexicanos, por lo que se deben hacer estudios e indicadores para identificar el avance en la materia. De no ser así, se pueden provocar nuevas exclusiones y es que, estar fuera de la era digital, es estar fuera del desarrollo.

 

 

 

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